EDDISON, E. R. LA SERPIENTE URÓBOROS
ERIC RUCKER EDDISON
LA SERPIENTE UROBOROS
No es alegoría ni fábula,
sino un relato que se debe leer
por el gusto de leerlo.
INDICE
INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN ESPAÑOLA 5
RECONOCIMIENTOS 8
NOTAS A LA SERPIENTE URÓBOROS 9
PROLOGO DE DOUGLAS E. WINTER 10
INTRODUCCIÓN DE PAUL EDMUND THOMAS 14
1. La serpiente Uróboros: «todo es uno» 14
2. Los orígenes del relato: «El niño es padre del hombre» 17
3. Las sagas islandesas: «la lucha feroz entre la condenación y el barro cargado de pasiones» 21
4. El héroe islandés, griego y mercuriano: «Abarca el estrecho mundo como un coloso» 28
INDUCCION 40
EL CASTILLO DEL SEÑOR JUSS 47
LA LUCHA POR DEMONLANDIA 62
EL FOLIOT ROJO 75
CONJUROS EN LA TORRE DE HIERRO 89
EL ENVIADO DEL REY GORICE 103
LAS GARRAS DE BRUJOLANDIA 109
HUÉSPEDES DEL REY EN CARCE 115
LA PRIMERA EXPEDICION A DUENDELANDIA 142
LAS COLINAS DE SALAPANTA 155
LAS FRONTERAS DEL MORUNA 170
LA FORTALEZA DE ESHGRAR OGO 178
EL KOSHTRA PIVRARCHA 193
EL KOSHTRA BELORN 215
EL LAGO DE RAVARY 226
LA REINA PREZMYRA 234
LA EMBAJADA DE LA SEÑORA SRIVA 243
EL REY HACE VOLAR SU ÁGUILA MONTESINA 255
LA MUERTE DE GALLANDUS A MANOS DE CORSUS 266
EL ACANTILADO DE THREMNIR 276
EL REY CORINIUS 287
LA ENTREVISTA ANTE KROTHERING 293
AURWATH Y SWITCHWATER 298
COMIENZA A CUMPLIRSE EL SORTILEGIO DE ISHNAIN NEMARTRA 309
UN REY EN KROTHERING 315
EL SEÑOR GRO Y LA SEÑORA MEVRIAN 327
LA BATALLA DE LA LADERA DE KROTHERING 338
LA SEGUNDA EXPEDICION A DUENDELANDIA 354
EL ZORA RACH NAM PSARRION 367
LA ARMADA EN MUELVA 376
NOTICIAS DE MELIKAPHKHAZ 379
LOS DEMONIOS ANTE CARCE 390
EL ULTIMO FIN DE TODOS LOS SEÑORES DE BRUJOLANDIA 409
LA REINA SOFONISBA EN GALING 423
ARGUMENTO CON FECHAS 438
Erik Rucker Éddison (1892-1945) puede ser considerado como el último bastión de la fantasía tradicional y, a la vez, el eslabón antecedente de un género de nuestro siglo, cuyos temas giran en torno a la épica heroica y la aventura. Eddison crea un mundo imaginario, Mercurio, cuyas características muestran la implausibilidad de la ciencia, alrededor de la polémica entre la utopía literaria y el desarrollo real de la tecnología en el nuevo siglo. El espíritu del autor está inmerso en un pasado de referencias mitológicas, y lo bello y lo sublime son piedras angulares de una trama donde la vírtus gloriosa de los héroes -la batalla eterna simbolizada por Uróboros- intenta idealizar la miseria espiritual y la violencia inútil de la Gran Guerra. La obra del aristócrata inglés es una consecuencia del período entre las dos contiendas bélicas y, además, una defensa frente a una realidad alienada. Sus manifestaciones suponen la reconstrucción de un anhelo lejano, plagado de visiones oníricas que apuntalan los valores más profundos del ser humano. Ese interés por los sueños como elevada estética literaria le hace partícipe de la tradición de lord Dunsany, el soñador por antonomasia. Analizaremos brevemente algunos de los autores que se relacionan con la utopía estilística decimonónica, hasta llegar a la creación moderna del fantasy, cuya eclosión definitiva supone J. R. R. Tolkien. Paralelamente, hay que considerar el nacimiento de la ciencia ficción norteamericana, tan ilusionada por la modernidad ilimitada de la ciencia.
E. Bulwer Lytton pertenece a la misma generación de Mary Shelley y Edgar Allan Poe. El Frankenstein (1818) de la enunciada Shelley puede parecer un intento de señalar la idea prometeica moderna del conocimiento científico; sin embargo, mantiene los valores del alma romántica: el deseo por la consecución del saber oculto llega a encarar las fuerzas elementales de la naturaleza, temibles y monstruosas, pero es conducido finalmente hacia la debilidad y la culpa. Bulwer Lytton publica, dos años antes de su muerte, The Coming Race (1871), cuyo contenido sí nos acerca hacia la Edad de la Tecnología en una especie de puente alternativo entre los viejos valores y los nuevos. Estamos ante una novela que trata de reconciliar un hipotético estado social moderno gracias a la aportación de una especie de misticismo antiguo. Lytton es partícipe de una literatura que se enfrenta a la utopía socialista.
Los escritores victorianos poseían una clara fascinación por la prehistoria y las civilizaciones perdidas. H. Rider Haggard (1856-1925), heredero de esta tradición y maestro de la aventura exótica, señala en Ella (1887) que el conocimiento de la diosa-mujer podría ser interpretado por las leyes de la naturaleza, una vez arrancados los velos del deseo humano. Arthur Machen (1863-1947). en cambio, con su literatura de realismo ocultista, se sumerge en las raíces de la propia tierra originaria, atento a un pasado oscuramente victorioso y plagado de reminiscencias celtas.
A la hora de dar una visión determinada de la utopía literaria de índole científica, es necesario referirnos al gran esteta y artista inglés William Morris. Además de su influencia sobre la pintura, la ilustración y el arte en general de la época, fue también un visionario, imbuido por la pasión de un medievo ideal como revulsivo de un mundo deshumanizado por la Revolución Industrial. Varias de sus obras literarias muestran esta inquietud, como, por ejemplo: News from Nowhere (1890), un viaje subjetivo hacia una Edad Media imaginaria, o El bosque del fin del mundo, con elementos de la novela de caballerías y la pasión romántica. Otro autor, Edward Bellamy, en su Looking backward (1888), realiza un viaje en espíritu hacia el año 2000, en que la ciencia ha subsumido los sentimientos humanos, y cuya conclusión final supone el despertar a la vida diaria, una vez abandonada la pesadilla.
El verdadero antecedente de E. R. Eddison es lord Dunsany (1878-1957). Antes decíamos que Dunsany era el «soñador» por excelencia, creador de mitos, cuyas influencias nos llevan a las glorias normandas y célticas, y hacia los esplendores épicos y literarios de la Biblia, Herodoto y Las mil y una noches. El escritor irlandés pasó sus días entregado a la imaginación, gracias a una vida de aristócrata cultivado, al igual que Eddison, cuyos ejemplos creativos se muestran en algunas de sus mejores series de cuentos: Los dioses de Pegana (1905), El tiempo y los dioses (1906) y Cuentos de un soñador (1910).
Para centrar el tema en el autor que nos ocupa, E. R. Eddison, tenemos que hablar de una fantasía aristocrática de entreguerras, y de la búsqueda de ciertos ideales más cercanos a un pasado siempre ilimitado y maravilloso. Éste es el caso del escritor norteamericano James Blanch Cabell (1879-1958) y su novela Jurgen (1919). Si para Eddison lo heroico es un valor fundamental en su obra, para Cabell lo fantástico pasa por la instauración de un nuevo pragmatismo cínico, donde lo erótico es un elemento importante. Esta última consideración hizo que la obra anteriormente citada fuera retirada de la venta por la sociedad Americana para la Supresión del vicio, durante los años 1920 y 1921. En consecuencia, pasó de ser una narración elitista, influenciada por Dunsany, a convertirse en un best-seller popular de supuesta carga pornográfica. Otros escritores de esta época que mantienen esa superioridad estética militante, pero más cercanos a la ciencia ficción y a los últimos estertores de la utopía científica decimonónica, son los autores anglosajones David Lindsay (Un viaje a Arturo, 1920) y S. Fowler Wright (The Amphibians, 1924). También es necesario citar a H. G. Wells, el padre de la ciencia ficción anglosajona, que, con una de sus últimas obras, Hombres como dioses (1923), emula la ciencia como la única y verdadera esperanza para el hombre.
E. R. Eddison representa el emblema de la fantasía pura como género que irá enfrentándose a una ciencia ficción naciente y apegada a la modernidad. Pero la antorcha será finalmente recogida por J. R. R. Tolkien (1892-1973), que popularizará y dará importancia definitiva al género fantástico. Para ello, utilizará ciertos temas populares del cuento infantil y de los arquetipos épicos de nuestra cultura. Sin embargo, cuando proporciona el protagonismo de la aventura a los hobbits, unos seres cuya sencillez es manifiesta, hace que descendamos de los valores nobles y estéticamente elevados hacia otros más cercanos a nuestra vida diaria.
Para hablar de la estructuración de la fantasía como género actual, tres son los autores fundamentales: lord Dunsany, E. R. Eddison y J. R. R. Tolkien.
ALBERTO SANTOS CASTILLO
Abril de 1992
La asociación de padres de alumnos de la Escuela Breck de Minneapolis me ha ayudado a sufragar mis tres viajes a Inglaterra y, sin su ayuda, yo no hubiera sido capaz de profundizar durante tanto tiempo en las notas, cartas, libros y manuscritos de E. R. Eddison. El personal de la Biblioteca Duke Humphrey, perteneciente a la Biblioteca Bodleian de la Universidad de Oxford, me recibía cada día con sonrisas y gestos de aprobación para ayudarme a manejar su colección de documentos relacionados con Eddison. La señora Anne Hamerton y el personal de la Biblioteca de la Taylor Institution, de Oxford, no sólo extrajeron de los depósitos, a petición mía, los libros del legado de Eddison al Trinity College, sino que también me facilitaron un lugar de trabajo cómodo para consultarlos. La biblioteca pública de Marlborough también me facilitó el acceso al fondo de libros legado por Eddison. La señora A. Heap y el personal de la sección de Historia Local de la Biblioteca Central de Leeds cargaron alegremente con las pesadas cajas que contenían los manuscritos de Eddison, y renunciaron a otras actividades para facilitar mis investigaciones. Doy gracias de todo corazón a todas esas personas de las instituciones citadas.
Mi agradecimiento a la Biblioteca Bodleian de la universidad de Oxford y a las bibliotecas municipales de Leeds por permitirme citar textos inéditos procedentes de sus fondos.
Mi agradecimiento a la Cambridge University Press por permitirme citar pasajes de la traducción de La saga de Egil realizada por E. R. Eddison. Mi agradecimiento a la University of Chicago Press por permitirme citar la traducción de la Ilíada por Richmond Lattimore. Y mi agradecimiento a la Oxford University Press por permitirme usar la primera y segunda ediciones de The Oxford English Dictionary para redactar muchas de mis notas explicativas.
Agradezco especialmente a Jeanne Cavelos, de Def, su entusiasmo constante por este proyecto y por mi propio papel en el mismo. Y agradezco, por encima de todos, a la hija de E. R. Eddison, señora Jean Gudrun Rucker Latham, y a su nieta, señora Anne Al-Shahi, su amistad y sus ánimos durante siete años, gracias a los cuales salió a la luz esta nueva edición.
P. E. THOMAS
Nota sobre las notas: Uso dos abreviaturas en todas las notas: «ERE», por E. R. Eddison, y «LSU» por La serpiente Uróboros.
He citado las fuentes cuando ha sido necesario, pero debo reconocer aquí la aportación de obras consultadas repetidamente. En 1928, la Oxford University Press publicó en la Clarendon Press el diccionario en diez volúmenes Oxford English Dictionany; en 1933 se volvió a publicar en doce volúmenes, con el título de The New English Dictionary, y en 1988 se publicó la segunda versión, corregida y aumentada, del Oxford Enghsh Dictioniary. Estos volúmenes han sido mis compañeros constantes: casi todos los arcaísmos y palabras esotéricas se han explicado según las definiciones ofrecidas en la primera y segunda edición. Mis citas de Shakespeare siguen el método de «Números completos de líneas» adoptado por David Bevington en su tercera edición de las obras Completas de Shakespeare, publicada en 1951 por Scott, Foresman and Company en Glenview, Illinois. He tomado las citas de Webster de la edición John Webster Three Plays, al
cuidado de D. C. Gunby y publicada en 1972 en Harmondsworth, Middlesex, por Penguin Books.
He intentado indicar, cuando me ha sido posible, las fuentes que tienen influencia tangible sobre el texto. Lo que me ha movido a hacerlo ha sido poner de manifiesto, con mayor precisión que en la introducción, las muchas obras literarias que encantaron a Eddison lo suficiente como para provocar su imitación o sus préstamos de las mismas, y poner de manifiesto algunos de los pensamientos que le surcaron la mente mientras escribía este libro. La mayoría de las fuentes indicadas han sido literarias, pues yo soy lego en otras materias; por ejemplo, he dejado de lado por completo la astronomía, ciencia que Eddison estudió con algún detalle. Incluso en mis esfuerzos por arrojar luz sobre las fuentes literarias, he sido negligente, pues las lecturas de Eddison fueron más profundas y más amplias que lo que han sido las mías hasta la fecha, y sé que se me han escapado algunas alusiones a causa de mi falta de observación fruto de la ignorancia. Los lectores cuyas mentes estén más ricamente surtidas de poesía que la mía verán cosas para las que yo he sido ciego, y a ellos les pido paciencia durante la lectura de mis notas.
La serpiente Uróboros, que se come su propia cola...
Hace más de veinte años que leí por primera vez estas palabras. Me parecieron mágicas, una invocación de algo que estaba encerrado dentro de mí, muy hondo; de algo oscuro y peligroso, pero desesperadamente vivo. Todavía hoy me intrigan, me incitan, me desasosiegan; y yo se las presento con el encanto impaciente de un niño que quiere compartir un secreto especial. Tiene usted en sus manos la mejor novela de fantasía que se ha escrito jamás en lengua inglesa.
Eric Rucker Eddison (1882-1945) fue funcionario de la Cámara de Comercio británica, y también investigador de temas islandeses, apasionado de Homero y Safo, y montañero. Aunque todo parece indicar que se trataba de un caballero inglés correcto y con sombrero de hongo, Eddison era un soñador incurable que, en sus ratos perdidos a lo largo de treinta años, puso por escrito sus sueños. En 1922, muy poco antes de su cuadragésimo cumpleaños, se publicó La serpiente Uróboros en una corta tirada para bibliófilos. Esta edición fue seguida al poco tiempo por otras más amplias en Inglaterra y en América, y se formó cierta leyenda alrededor del libro. Éste era una joya oscura y carmesí de maravillas, compuesta a partes iguales de espectáculo y de fantasía, de intriga laberíntica, de violencia extravagante. Además, era la primera novela del señor Eddison.
Después de escribir una aventura que transcurría en ...
afranusieki